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PROYECTOS
ECUADOR Y FRANCIA UNA HISTORIA EN COMUN
Aimé Bonpland: investigador americanista
Por: Fernando Ortiz Crespo
El nombre de Aimé Bonpland ha pasado a la posteridad junto al de Alejandro de Humboldt, el gran explorador y naturalista germano. Bonpland nació en 1773 en La Rochelle, vástago de una familia muy conocida de médicos y farmacéuticos. Sus primeros estudios los hizo en esa ciudad y su carrera universitaria en París, en donde se dedicó simultáneamente a la medicina y a la botánica, se distinguió por su disciplina y aprovechamiento, por lo que fue recomendado a Humboldt por sus maestros.
Los detalles del recorrido de Humboldt y Bonpland por Venezuela y parte de Colombia quedaron registrados en la famosa obra del primero, "Relación Histórica del Viaje a las Partes Equinocciales del Nuevo Continente". Los tres tomos en lengua francesa de esta crónica aparecieron en 1814, 1819 y 1825. Traducidos a otros idiomas, como al inglés con el título "Personal Narrative of the Voyage ...". Esta obra fue un "best seller" en Londres en donde ejerció una poderosa influencia en otro naturalista famoso, Charles Darwin, quien decidió hacer su propia jornada de circunnavegación. Lamentablemente la crónica humboldtiana cubre solamente del inicio del viaje (junio de 1799) al punto en que los dos expedicionarios se embarcaron para su viaje fluvial en el Magdalena (20 de abril de 1801), y así, a pesar del título de la obra, no existe un recuento similar de la jornada por el interior de Colombia, el Ecuador, Perú y México, tierras en ese entonces de los Virreinatos de Santafé, Lima y Nueva España. El periplo concluyó en el puerto francés de Burdeos el 3 de agosto de 1804 luego de un interludio en que Humboldt, Bonpland y el joven Carlos Montúfar, que se les había unido en Quito, visitaron los Estados Unidos, y conocieron a Jefferson y a otros personajes importantes en la primera historia republicana de ese país.
La contribución de Aimé Bonpland a la exploración botánica de las tierrasamericanas es enorme, pues él fue elactor principal en la recolección del ingente acopio de plantas disecadas que él y Humboldt trajeron de vuelta a Europa. Se estima que esta colección alcanzó 6.000 especies, representadas por duplicados que daban un total de 60.000 ejemplares. Más de 3.000 de estas especies resultaron nuevas para la ciencia. De los 17 volúmenes de la obra de Humboldt dedicados a la botánica de su viaje americano solamente 4 volúmenes llevan la impronta de Bonpland, mientras que el resto y entre ellos los volúmenes 8 a 14 titulados "Nova Genera et Species Plantarum" de la así llamada "Gran Edición" fueron completados gracias a la colaboración del joven botánico alemán Carl Sigismund Kunth, sobrino de un antiguo tutor de Humboldt. De todos modos, Humboldt y Kunth reconocieron la contribución de Bonpland como demuestran las iniciales "H. B. K." que llevan los nombres de las nuevas especies traídas de América.
Bonpland pasó de ser antes del viaje prácticamente un desconocido - apenas un joven médico de la Marina francesa - a recibir el reconocimiento reservado a los héroes de la aventura y la ciencia, y a brillar más aun tras las publicaciones del viaje que iban saliendo gracias al tesón y mecenazgo de su amigo teutón. Bonpland no escapó la atención de la Corte Napoleónica, donde nada menos que la Emperatriz Josefina le distinguió nombrándole a la vez intendente y encargado de los jardines de su residencia de Malmaison, vecina a París. Bonpland, muy aficionado al trabajo al aire libre, se sintió muy halagado y pasó a residir allí, desarrollando con Josefina Lapager una relación que con el tiempo pasó del plano meramente profesional al amistoso, y creando allí uno de los jardines más famosos y atractivos de Europa, con una superficie que creció de 200 a 2000 hectáreas entre 1799 y 1809 gracias al poder e interés de la Emperatriz.
Bonpland fue amigo personal de Bolívar, Francisco Zea, Carlos Montúfar y Vicente Rocafuerte, y ellos le tuvieron tanta confianza que, a despecho de que Europa estaba en plena restauración borbónica tras la caída de los Bonaparte, le confiaron a Bonpland misiones secretas, como imprimir en París panfletos que alentaran la revuelta al otro lado del Atlántico o portar de uno a otro lado del Canal de la Mancha importantes sumas de dinero destinadas a procurar armas para la revolución.
Después de recibir una propuesta de Bernardino Rivadavia para crear un instituto de botánica en Buenos Aires, Bonpland emprendió los preparativos para embarcarse rumbo al Nuevo Mundo en 1816. Así, tras algunas expediciones tentativas de corta duración, en las que con su mano dio inicio a una serie de 46 diarios botánicos escritos con rigor y precisión científica a lo largo de treinta años, el 1º. de octubre de 1820 Bonpland se embarcó en una expedición botánica al Chaco, región entonces prácticamente desconocida, en medio de la frontera disputada por Argentina, Paraguay y Bolivia. Le interesaba obtener más plantas exóticas que prestar atención a la tormentosa política sudamericana.
Bonpland adquirió una propiedad agrícola en la pequeña pero estratégica localidad uruguaya de San Borja, cercana a la frontera con el Brasil y no distante de la frontera del Paraguay, donde había quedado su familia. Una vez establecido allí, y después de bautizar a su rancho "Sans Souci" (sin cuidado), hizo un recorrido por Mendoza y Corrientes y al fin volvió a Buenos Aires. El largo viaje de Bonpland se detuvo el 11 de mayo de 1858, cuando acompañado de su hija Carmen, que tenía 15 años, bajo los árboles de la colina, cerró sus ojos por última vez. Así concluyeron cuatro décadas y media de una vida sin par.
"Habituado a vivir al aire libre, a la sombra de los árboles seculares, a escuchar los cantos de los pájaros que suspenden sus nidos sobre mi cabeza, a mirar correr las aguas puras de un arroyo, ¿qué iría yo a hacer en los salones aristocráticos de París o Buenos Aires? Perdería lo que yo aprecio más: la naturaleza y las plantas que hacen mi vida placentera. Recorrer los grandes espacios, ser amado y estimado de aquellos que me rodean, es para mí la verdadera riqueza. Es al interior de las Misiones portuguesas, donde la primavera me espera, donde quiero vivir y morir, lejos de las precarias pasiones humanas." (traducción de Fernando Ortiz del texto en francés de Bonpland reproducido por Philippe Foucault, en: Le pêcheur d´orchidées, París, 1990).
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