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PROYECTOS

ECUADOR Y FRANCIA UNA HISTORIA EN COMUN

La cultura francesa en lo cotidiano

Por: Elena Noboa Jiménez

Buffon, Rousseau, Saint Pierre, Chateaubriand, Montesquieu, Bosuet, Guizot, Mignet, Ségur, Thiers, Sismondi, Boileau, Verney, Bouhours, Delille, Lamartine, Byron son solo algunos de los autores franceses que se leían en el Ecuador del siglo XIX e inicios del siglo XX. Los viajes que por estudio o placer realizaron las elites a Europa y especialmente a Francia permitieron un contacto más directo con estas lecturas y con sus costumbres. Y no son pocos los personajes nacionales que accedieron a la cultura francesa, José Joaquín de Olmedo, Vicente Rocafuerte, Antonio Flores Jijón, Clemente Ballén, entre otros realizaron sus estudios en París y se relacionaron con esa sociedad.

Las generaciones de jóvenes que residieron y se educaron en París se afrancesaron en sus gustos e ideas, pero la mayoría regresó a su ciudad natal para poner en práctica los conocimientos que habían adquirido e invertir en lujosas residencias urbanas de estilo neoclásico y en bancos o empresas de exportación e importación. Pese a estar alejados seguían instruyéndose y razonando como si estuvieran allí. Es así como la oligarquía marcó el modelo cultural francés, a través del teatro, la literatura, la prensa y la circulación de ciertas revistas. Quienes se quedaban no estaban al margen de las lecturas francesas como las de Jules Verne, Víctor Hugo o Eugene Sue, pues la producción literaria y teatral locales fue particularmente abundante. Prueba de ello es la creación de las sociedades literarias en el país y la publicación de revistas del quehacer literario con evidente influencia francesa, fenómeno general en América. Esto permitió que se conocieran a sus poetas y pensadores, que los críticos se especialicen en autores franceses y que se multipliquen sus traducciones.

Esta identificación con lo francés se reflejó también en la moda, las maneras, las formas de hablar, las ocupaciones, la arquitectura, las artes plásticas y la culinaria. Las casas reflejaron todo el lujo y abundancia de sus adquisiciones, traídas directamente de Francia, ya sea en sus viajes o a través de pedidos especiales. Las vajillas, adornos, lámparas, muebles, espejos, etc. hablan por sí solos de la especial atracción por el modelo francés. En las mujeres, el uso de corsets, sombreros, estolas y el cabello corto eran comunes; los hombres vestían trajes, camisas francesas, corbatas, botines, sombreros, bastones, usaban un peinado especial en las patillas y bigotes pues estaba claro que la preocupación por la apariencia y elegancia era bien vista.

Los nombres de los diversos sitios de diversión, hoteles, almacenes o locales de servicio no escapaban a la "moda francesa"; los almacenes como "Le Chic Parisien o el " Bazaar Verdú" importaban todo tipo de artículos, los vinos franceses, por ejemplo, no podían faltar. De igual manera los galicismos surgían en cualquier conversación, "atelier", "démodé", "secrétaire", etc. ya no necesitaban de traducción. Y que decir de la arquitectura, muchas de las construcciones de la época se hicieron bajo la influencia francesa; los modelos eran reproducidos con exactitud e incluso con los mismos materiales, pues los importaban desde París. La muestra palpable de este hecho la constituye Vinces, población que en la "época de oro" del cacao reunía a las haciendas más importantes y que por su arquitectura fue denominada "París Chiquito".

El Palacio de Carondelet también tiene elementos franceses. A finales del primer período del Presidente Gabriel García Moreno, cuando se efectuaron trabajos de remodelación en la casa de gobierno, se importó de París el reloj del frontis central, que fue colocado en su segundo mandato; además, durante la administración del Presidente Antonio Flores Jijón fueron compradas en París por intermedio de Clemente Ballén, Cónsul del Ecuador en esa ciudad, las verjas que están colocadas entre los arcos y las columnas de la fachada del Palacio. Esta rejería vino de los Jardines de las Tullerías de París, las cuales fueron reemplazadas por otras más ornamentales.

La tradición culinaria también fue importante; Manuel Larrea, Marqués de San José, y Ministro de Relaciones Exteriores en 1851, quien tenía costumbres y hábitos franceses, ofrecía cenas espléndidas en las cuales su esposa se vestía a la "parisienne"; contaba en su quinta de Guápulo con cocinero y servidumbre francesa. Los cursos de cocina tuvieron éxito entre las mujeres de las elites que viajaban a París, quienes los recibían como parte de su educación como lo demuestra un cuaderno de recetas, que inicia su escrito indicando que es un curso seguido en el Cordon Ble de la calle Pompe.

A pesar de que en esta época se pretende defender la nación genuina ecuatoriana, se viven modelos socioculturales europeos por la adopción de sus valores y comportamientos reconociendo, inclusive, un modelo cultural parisien que intenta seguir en cada aspecto de lo cotidiano. Cada detalle de la vida diaria trasluce el gusto por lo francés, evocando a una Francia conocida.

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