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PROYECTOS

ECUADOR Y FRANCIA UNA HISTORIA EN COMUN

Normas diplomáticas y protocolarias

Por: Pablo Núñez

El establecimiento de las Misiones Diplomáticas permanentes suele tomarse como punto de partida de la diplomacia moderna. A partir del siglo XIII las ciudades-estado italianas, especialmente Venecia, establecen misiones en Roma y Constantinopla. El título que llevaba el Enviado era el de bailo, aunque en este mismo período se emplea ya el término embaxador. Para el siglo XIV, Francia los llamaba messagers.

Con la Revolución Francesa, la diplomacia comienza a tomar un nuevogiro al surgir el concepto de soberanía y con esto la distinción entre los intereses del pueblo y los del soberano. Sin embargo, en 1815, el Congreso de Viena y luego el de Aquisgrán en 1818, instituyen los lineamientos con los que actuará la diplomacia, al menos hasta el Tratado de Versalles en 1918. Entre los principales, figuran las reglas del derecho diplomático que fijan las normas de etiqueta, precedencia, jerarquías, privilegios e inmunidades de los representantes de un Estado. Asimismo, la diplomacia forma parte del aparato burocrático estatal, por tanto, los diplomáticos son funcionarios públicos y representan al Estado y no al soberano. Además, la diplomacia es secreta, es decir, se la realiza únicamente entre los gobiernos sin contar con la aprobación de la opinión pública.

 

En lo referente a normas protocolarias, la diplomacia dispone que para el inicio de funciones de un agente diplomático, éste debe presentar el respectivo instrumento que lo acredite como tal. Este documento, conocido como Cartas Credenciales ha conservado casi en forma textual la forma y estilo que se utilizaban en el siglo XIX. El Manual Diplomático del francés Barón Charles de Martens de 1826, señala que las Credenciales contienen en primer término, el objeto de la misión, que por orden general, es el mantenimiento de las relaciones de amistad recíproca. Luego, se nombra al Ministro y la investidura con la que es designado, haciendo mención en pocas líneas de la misión encomendada y concluye con las seguridades de amistad y fraternidad entre los dos soberanos o gobernantes.

En cuanto al ceremonial diplomático, sus características han evolucionado, aunque las normas de etiqueta conservan el rigor y formalidad. Durante el siglo XIX, el recibimiento de los representantes diplomáticos entrañaba una serie de ceremoniales que variaban de acuerdo al rango con el cual éste se hallaba investido. Para el caso de un Embajador, éste era conducido en carruaje hasta el palacio, donde era saludado por la guardia de honor. Ya en la sala de recepciones, el Embajador se inclinaba ante el Monarca haciéndole tres reverencias. El Embajador, ya en su sitio, pronunciaba un corto discurso y entregaba su Carta Credencial. Concluido el discurso, el Soberano contestaba brevemente finalizando con esto el ceremonial. El Agente Diplomático se retiraba del acto, no sin antes repetir las tres reverencias.

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