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PROYECTOS

ECUADOR Y FRANCIA UNA HISTORIA EN COMUN

Francia en el Ecuador a través de la colonia sirio-libanesa

Por: Rosemarie Terán Najas

Los sirio-libaneses que formaron parte de la primera gran oleada migratoria a América, ocurrida entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX, llevaban en su equipaje cultural muchos aspectos de la cultura francesa que estaban fuertemente arraigados en su vida cotidiana y que no fueron suficientemente identificados en los países de acogida. De hecho, bajo el paradójico membrete de "turcos" quedaron prácticamente invisibilizados los múltiples elementos de la identidad sirio libanesa, que se habían desarrollado en un escenario geográfico entrecruzado por complejas, contradictorias y ancestrales relaciones entre Oriente y Occidente. La historia de la Gran Siria (actuales Líbano y Siria) constituía, ciertamente, una milenaria suma de culturas heterogéneas (fenicios, mesopotamios, egipcios, macedonios, romanos, árabes, francos) que dejaron huellas indelebles en sus habitantes. Al momento de la primera oleada migratoria, la Gran Siria era una provincia más del vasto imperio Otomano que había dominado la región desde el siglo XV. La crisis económica que aquejaba al Levante y el desequilibrio interno provocado por la intervención de las potencias occidentales motivaron que la población comenzara a abandonar sus tierras con rumbo a Europa, Egipto y América desde 1880. Finalmente, fue la dominación turca convertida en sangrienta represión durante la primera guerra mundial, la que sumándose a las otras causas de la migración abocó también a la población a abandonar el país con más fuerza a partir de 1918, lanzándola de nuevo a la travesía transatlántica, que deparaba una ambigua promesa de nuevos destinos en el lejano continente americano.

La presencia francesa en Líbano y Siria data del siglo XVII. Con el tiempo, Francia se había ido convirtiendo en la potencia europea con mayor expansión en la región y su política intervencionista incidió no sólo en el campo económico y geopolítico sino también en el cultural. Convertida en la "protectora" de la avanzada católica en el Levante frente a la creciente fuerza del Islam, Francia había auspiciado el establecimiento de misiones religiosas francesas que crearon numerosas instituciones educativas. Siendo, sobre todo el Líbano, una región con una muy antigua tradición cristiana, mantenida por las religiones greco-ortodoxa y maronita, e históricamente familiarizada con Europa, no fue conflictiva la asimilación del sistema educativo extranjero, cuya influencia quedó profundamente impresa en el campo de la cultura y en la vida cotidiana. Prueba de ello la generalización del bilingüismo árabe-francés entre los sectores sirio-libaneses de filiación cristiana, que alcanzaban para 1914 un porcentaje de más del 50% de la población, rivalizando a la par con druzos y musulmanes. La confesión cristiana de gran parte de la población que migró en la primera oleada podría ser una de las razones que expliquen que Latino América haya sido escogida como un destino importante por los migrantes, ansiosos seguramente, por encontrar coincidencias al nivel de los credos religiosos.

Esa primera migración masiva se produjo mucho antes de que Líbano y Siria se constituyeran en repúblicas soberanas, situación que aunque se proclamó en 1926 solo se verificó en 1946, luego de un largo período de mandato francés, que arrancó una vez finalizada la primera guerra mundial y desmantelado el imperio otomano. Ello explica que los sirio-libaneses hayan llegado a América con pasaportes turcos. Ya en los países receptores, los migrantes se acogieron a los consulados franceses en virtud del mandato francés que se puso en vigencia en sus tierras de origen luego de la primera guerra.

Las migraciones hacia el Ecuador parecen haber sido menos intensas y numerosas que hacia el resto de América Latina. Sin embargo, eran significativas en proporción a la población local. Para 1926-27 el consulado Francés en el país registraba la existencia de una colonia compuesta por alrededor de 1.350 sirio-libaneses. La mayoría se dedicaba a la actividad comercial, en la que se habían iniciado con capitales a veces pequeños traídos de Líbano y Siria o de países que habían formado parte de su itinerario de viaje. En el Ecuador de entonces, el ser migrante y comerciante extranjero podía significar estar expuesto a una triple discriminación. En ese contexto, los rasgos occidentales de la cultura de varios de los primeros migrantes sirio libaneses paliaron en algo las distancias y si al principio no propiciaron la integración por lo menos impidieron la exclusión total.

Los lazos entre los sirio-libaneses y la diplomacia francesa radicada en el Ecuador fueron muy estrechos, al punto de que el Consulado no dudó en respaldarlos en casos aislados de xenofobia contra la colonia. Por su parte, los migrantes transmitieron y difundieron aspectos de la cultura francesa no solo a través de sus estilos de vida sino de sus propios establecimientos comerciales que ofertaban artículos de lujo directamente importados de Francia. El caso de la familia Najas (Nahas), originaria de Trípoli, ilustra bien esa situación. Los hermanos Michel y José Najas abandonaron su lugar natal a fines del siglo XIX. A principios de los años 1920 se detecta ya su presencia en el Ecuador, junto con la de su hermano menor, Emilio, nacido en Haití. Michel Constatin Najas, arquitecto de vocación, radicado previamente en Francia por varios años, estableció en Quito el Bazaar Verdún, almacén único en su género que ofrecía una gran variedad de objetos, desde muebles de estilo y lámparas de salón hasta perfumes franceses. Del Bazaar Verdún salieron durante años los artículos decorativos que iban a dejar huellas del refinamiento francés en las casas, salones y teatros de Quito. José Najas, casado con la francesa Susanne Deladéle, en cambio, estableció "Le Chic Parisienn", almacén que por mucho tiempo difundió la moda francesa en la capital. José Najas compró la casona en la que hoy funciona la Cancillería Ecuatoriana y la recreó casi completamente con espacios decorativos que evocaban los tradicionales vínculos entre el gusto árabe y el gusto francés.

Para los actuales descendientes de aquellos sirio libaneses que estuvieron inmersos en la cultura francesa, la relación con Francia se da ahora fundamentalmente a nivel de las reservas del recuerdo y de la herencia material que les dejaron sus padres, abuelos y bisabuelos.

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