| |
SEDES DEL MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES

APUNTES SOBRE EL PALACIO
DE NAJAS
Edwin Johnson (*)
En el año de 1943, el entonces Presidente de la República,
don Carlos Alberto Arroyo del Río, autorizó
al Canciller de la época, Francisco Guarderas y al
Ministro de Hacienda Alberto Wright Vallarino, para que, a
nombre del Gobierno, adquiriesen el inmueble ubicado en la
antigua avenida 18 de Septiembre, en el sector de Llano Grande,
actual avenida 10 de Agosto número 145, de la parroquia
urbana Sebastián de Benalcázar,
con el propósito de instalar allí el Ministerio
de Relaciones Exteriores del Ecuador, que durante los años
precedentes a 1943 había funcionado en diferentes casas
del centro colonial de Quito, como por ejemplo la casa de
tres plantas donde nació Don Luis Felipe Borja, en
la calle Chile, frente a las que fueran las instalaciones
del diario El Comercio. Parte de la disposición
ejecutiva dice textualmente que es indispensable dotar
al Ministerio de Relaciones Exteriores de un local que responda
las necesidades de decoro nacional inherentes a ese servicio
y que preste las comodidades requeridas para el correcto funcionamiento
de sus dependencias, para más adelante fundamentar
que el pago del canon de arrendamiento del local que
actualmente ocupa dicho Departamento demanda al Fisco un crecido
desembolso
. Esto hace pensar que, con anterioridad
a ese año, la Cancillería ecuatoriana careció
de un sitio propio para albergar a no más de 20 funcionarios
que conformaban la plana del Servicio Exterior ecuatoriano
en esos años de la República.
Esta vieja casona, cuya construcción
data de la década de los años 30, perteneció,
antes de pasar a propiedad de la Cancillería ecuatoriana,
al señor Josep Constantino Najas quien, por escritura
pública, extendida ante el escribano Daniel Belisario
Hidalgo, el 6 de noviembre de 1943, la enajena a favor del
Estado ecuatoriano por la suma de ochocientos mil sucres incluyendo
los usos, costumbres y servidumbres y transfiriendo
las construcciones, instalaciones y jardines, las lámparas
de ornamentación del parque, garages y más construcciones
La edificación del que se dio en llamar
Palacio Najas-De Lavelle tiene particularidades de estilo
mansardo, cuya característica se basa fundamentalmente
en un cielo raso quebrado y continuo de proporciones considerables,
en cuyos costados se destacan exteriormente las ventanas
ovaladas que surgen de las buhardillas, utilizadas por lo
general, en aquellas construcciones señoriales de finales
del siglo XIX en París, por los arquitectos que embellecieron
la ciudad Luz. De esta mansión de corte neoclásico,
con franca influencia francesa, queda ahora únicamente
la parte posterior que corresponde a las salas, salones y
comedores que guardan las peculiaridades iniciales de la construcción,
pues el sector principal que miraba hacia la actual avenida
10 de agosto fue destruido a fines de los años 50 para
dar lugar a modernas instalaciones de oficinas
con que debía contar la Cancillería ecuatoriana,
encargada de preparar y organizar para 1959 la XI Conferencia
Internacional Americana, que finalmente nunca llegó
a realizarse.
La construcción inicial que tiene
lugar en el sector denominado Llano Grande debe haberse verificado
allá por los años 20, hasta llegar al último
propietario, el ciudadano libanés Josep Constantino
Najas, asentado en el Ecuador y dedicado, con mucho éxito,
a múltiples actividades financieras y de importación,
convirtiéndose en uno de los pioneros del comercio
exterior en el país. Sin embargo, es su esposa francesa,
la señora Susane De Lavelle, entusiasta del arte, quien
embellece esta casona, la amplía y la enriquece interiormente,
con decoraciones en muros, paredes, jardines, escalinatas
en mármol, y chimeneas ornamentales que hasta ahora
subsisten. Coincide esto con el período de expansión
que experimenta Quito hacia el norte de la ciudad, en el cual
desempeñan un significativo papel arquitectos como
Giacomo Radiconcini, Augusto Ridder, Emilio Peynol, Francisco
Durini, Enrique Pasquel, entre otros, que contribuyen, en
un muy corto período, a recrear en forma definitiva
el nuevo entorno de la Capital ecuatoriana, que por primera
vez ensayaba una línea arquitectónica diferente
a la tradicional de corte colonial que se había desarrollado
con especial dedicatoria en iglesias y conventos, para dar
paso, así, a la nueva arquitectura civil.
Luego de más de medio siglo, el Instituto
Nacional de Patrimonio Cultural, en su obligación de
precautelar el patrimonio arquitectónico y después
de formular un análisis histórico estético
de esta bella casona, decidió incluir el edificio de
la Cancillería dentro del inventario de bienes arquitectónicos
y dispuso la colocación de una placa de bronce con
el siguiente texto: Este inmueble es patrimonio cultural
de la nación debe ser preservado. Tal declaratoria
se dio cumplimiento, en una ceremonia realizada en el propio
local por el ingreso de la Calle Jerónimo Carrión,
el día 8 de septiembre de 1994, al conmemorarse los
18 años de la declaratoria de Quito como patrimonio
cultural de la humanidad. Queda, de esta ceremonia, un discurso
emotivo que pronunciara el Canciller Encargado, Embajador
Jaime Marchán, para destacar el significado que se
ha ido impregnando en las nuevas filas de la diplomacia ecuatoriana,
con un sentido de rescate de las raíces históricas
de su profesionalismo.
Existen también datos referenciales,
que dan cuenta de que esta hermosa edificación fue
utilizada durante la segunda mitad de la década de
1930, como residencia de los presidentes Federico Páez
(Alberto Enríquez Gallo) y Manuel María Borrero,
época en la que sus ocupantes debieron incorporar en
su interior algunas obras de arte provenientes, muy posiblemente,
de Carondelet. Estos mismos testimonios recogen información
acerca de la única restauración efectuada en
el Palacio par parte del Arquitecto Alfonso Calderón
Moreno.
Afortunadamente, el Palacio de Najas,
que actualmente guarda importantes testimonios artísticos
en mobiliario, alfombras, porcelanas, biombos y objetos de
plata, lámparas, retratos en lienzo en un número
aproximado de 20- de los próceres quiteños del
10 de agosto de 1809 cuyo autor es el maestro Salas, ha conseguido
mantenerse en pie y la decisión adoptada en septiembre
de 1994 por el Instituto de Patrimonio Cultural es una salvaguarda
de esta edificación que constituye el alma-mater de
la actual diplomacia ecuatoriana.
(*) Embajador de Carrera
del Servicio Exterior
Ecuador, Ministerio de Relaciones Exteriores
|