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El Planex en la prensa
"Cultura y Política
Exterior"
El Diario Hoy
Hoy, nueva ronda del Planex
Cultura y Política Exterior es el
nuevo seminario que se inaugura hoy (09:00) dentro del Plan
de Política Exterior (Planex) impulsado por el canciller,
Francisco Carrión, que pretende definir consensos en
temas cruciales de las relaciones internacionales entre diversos
actores. El ministro de Educación, Raúl Vallejo,
será uno de los expositores. (SC)
El Comercio
4/5/2006
Volver a Carrión Por
César Montúfar
El debate sobre el TLC ha llegado envuelto
en medias verdades. Los detractores resaltan sus perjuicios
con aseveraciones y datos que siempre conducen a una visión
catastrófica de la realidad. Los panegiristas proyectan
una visión vaga de oportunidades y desafíos,
presentan una posición voluntarista desde la cual automáticamente
desmantelaría ineficiencias y privilegios como si competir
en el mercado mundial fuera tan simple como jugar fútbol.
Ambas visiones son parciales y pierden lo
esencial. Aislan el tema, lo acomodan a su interés;
parecieran hablar de países y tratados distintos. Su
mutuo unilateralismo oculta que el debate sobre la conveniencia
o inconveniencia del TLC debería articularse a la definición
de una agenda interna integral. Resulta inconcebible que la
discusión actual no tope aspectos críticos como
la indispensable reforma educativa, los mecanismos de compensación
para los afectados, la estrategia de productividad y competitividad
que requeriríamos, el plan de desarrollo nacional que
se deberá ejecutar.
Aquello, se firme o no se firme el tratado.
Más aún, el presente debate elude la necesidad
de poner en marcha una estrategia global de inserción
del Ecuador en el mundo en lo comercial, inversiones, cultura,
conectividad, política internacional.
Así, en caso de que el país
opte por su firma, el TLC con Estados Unidos debería
ser pieza de un rompecabezas mayor que abra puertas y apuntale
procesos de integración con otras regiones del mundo.
Igualmente, en caso de que la decisión sea la contraria,
la discusión debería plantear las alternativas
reales de integración que se abrirían en su
reemplazo. ¿Sería el ALBA de Chávez una
posibilidad real; es la integración andina y sudamericana
una vía independiente a la opción norteamericana,
o ambas podrían y deberían conjugarse?
En medio de la incertidumbre, quizá
para ganar perspectiva, debamos volver sobre nuestros referentes.
Por ejemplo, Benjamín Carrión, quien a mediados
del siglo pasado prefiguró una nación ecuatoriana
proyectada en el mundo no por la amplitud de sus mercados
ni su poder militar sino por su cultura.
Para Carrión, la cultura no se circunscribía
a un conjunto limitado de manifestaciones elitistas sino que,
diríamos con lenguaje más contemporáneo,
podría desplegarse como fortaleza identitaria, pluriétnica
y multicultural, como riqueza en biodiversidad, como potente
simbiosis de paisajes, comida, tradición oral, arte
que bien pudieran ser el valor agregado que el Ecuador requiere
para insertarse mundialmente.
Carrión tenía muy claro que
la fuerza cultural del Ecuador, íntimamente ligada
a su vocación indeclinable por la libertad, era nuestro
mayor activo. Desde allí, su ‘pequeña
gran patria’ debía buscarse un lugar de respetabilidad
en el mundo, partiendo de sus fortalezas y trabajando sobre
sus debilidades.
En suma, el debate actual sobre el TLC debe
trascender la parroquia y expresar una visión estratégica
y cosmopolita de un Ecuador que se plantea el desafío
de cambiar internamente, que define y tiene presente una agenda
interna, pero que se proyecta sin complejos al mundo. Repito,
ello con o sin la firma del Tratado de Libre Comercio.
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Ecuador, Ministerio de Relaciones Exteriores
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