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SOBERANIA
AEREA
Orbita Sincrónica
Geoestacionaria
Se denomina Orbita Sincrónica
Geoestacionaria a una órbita circular que yace en el plano
ecuatorial terrestre. Si se coloca en ella un satélite que
rote alrededor del eje polar de la Tierra, con su misma dirección
y en el mismo período sideral que el de su rotación, ese satélite
mantiene inmovilidad en relación con nuestro planeta.
Tres son los elementos
básicos que determinan la fijeza y estabilidad relativas de
estos satélites:
1) Posición ecuatorial,
2) Su período de rotación
equivalente a 23 horas, 56 minutos, 4 segundos, aproximadamente
y
3) Su altura. Del período
del satélite y de la atracción de la masa total de la Tierra,
aplicada a su centro, se deducen, usando la tercera Ley de
Kepler, que el radio de la órbita geoestacionaria y su altura
nominal son de 42.164.175 kms y 35.786.557 kms, respectivamente.
Sobre un satélite geoestacionario
actúan fuerzas o factores naturales o artificiales. De los
primeros, el fundamental es la fuerza de la gravedad, que
permite al satélite mantenerse a la altura requerida. Otros
factores secundarios como el achatamiento de la Tierra, la
forma elíptica del ecuador, la atracción del sol y la luna
y la presión de la radiación solar tienden, al contrario,
a desplazar el satélite de su altura y posición nominales.
Las fuerzas artificiales, producidas por el hombre hacen posible
la colocación del satélite en órbita y mantenerlo en esas
velocidades y posición.
La órbita geoestacionaria
es un recurso natural limitado, como lo reconoce el Convenio
Internacional de Telecomunicaciones. Esta limitación que se
traduce en la práctica en la posibilidad real de saturación
de la órbita, proviene de los siguientes hechos: 1) Saturación
física de toda la órbita o de uno o más segmentos de la misma,
debido a la colocación en ella de un número mayor de satélites
de los que pueden operar sin interferencias, 2) Posibilidad
de colisiones entre satélites, sobre todo cuando se coloquen
en órbita las grandes superestructuras que se proyectan para
transmisión de energía solar, 3) Privación de la energía solar
que utilizan los satélites pequeños para su operación, debido
a la sombra que proyectarían esas grandes estructuras y 4)
Saturación del espectro de frecuencias que se utilizan para
las comunicaciones por satélites. De estas limitaciones, la
última es la más inminente y se advierte ya en los complicados
procedimientos que deben observarse para la asignación de
esas frecuencias.
A los satélites sincrónicos
geoestacionarios se les puede dar idénticos usos que a los
que se sitúan en otras órbitas; se utilizan, en efecto, en
el campo de las telecomunicaciones, la meteorología, la detección
de recursos naturales y observación del medio ambiente; en
la investigación científica, etc, entre otras aplicaciones.
Cada satélite geoestacionario
ofrece la ventaja de 24 horas de servicio sobre aproximadamente
un tercio de la superficie terrestre. Esta clase de satélites
utilizan un sistema de antenas fijas, bastante más simple
que el que se usa para satélites colocados en otras órbitas.
Por otra parte, la inmovilidad relativa de los satélites permite
mediciones fotogramétricas más exactas que las que se pueden
obtener con artefactos que, si bien situados en órbitas más
bajas, se desplazan rápidamente. Pero la mayor de las ventajas
de un satélite ubicado entre de los estrechos límites de posición
por un prolongado período de tiempo, es la posibilidad de
transmitir energía solar, lo que no se podría obtener con
otra clase de satélites. Para la transmisión de energía solar
se requerirán de grandes estructuras espaciales.
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